Todavía vendo plumas. No muchas, pero vendo. Y cada vez que alguien entra y me pide una, me lo miro con admiración.
Hace unos meses vino un chaval de veintipocos y me pidió una pluma y papel de carta. Del bueno. Le pregunté si era para alguien y me dijo que sí, que para su abuela, que está en una residencia y ya no oye bien por teléfono. Se quedó ahí de pie delante del mostrador eligiendo el papel como si eligiera un anillo.
Ese chico ha crecido con un móvil en la mano desde los diez años aprx. Y aun así, cuando quiso decir algo que importaba de verdad, vino a buscar papel.
Yo creo que eso lo explica todo.
Escribir a mano te obliga a ir despacio
Esta es la primera razón, y para mí la más importante.
Cuando escribes en el móvil o en el ordenador, vas rápido. Borras, empiezas otra vez, cortas, pegas. No te cuesta nada. Y como no te cuesta nada, tampoco lo piensas mucho.
Escribir a mano es otra cosa. Tienes que decidir la frase antes de ponerla, porque luego no la puedes quitar sin dejar un tachón. Vas más lento. Y ir más lento, en este caso, es lo que hace que te salga algo mejor.
He visto gente parada delante de un folio en blanco durante diez minutos con el bolígrafo en la mano.
La letra eres tú
Lo he dicho alguna vez y lo repito: la letra es como la voz.
Tengo en casa papeles escritos por mi madre. Listas de la compra, notas, cosas sin ninguna importancia. Y cuando los veo, no veo una lista. Veo su letra, esa letra, con las mayúsculas bien redondas.
Ningún mensaje de móvil hace eso. Un WhatsApp de hace diez años y uno de ayer son exactamente iguales. Misma letra, mismo color, misma pantalla. No hay nada de esa persona ahí dentro.
Por eso, cuando alguien escribe a mano, deja un rastro. Aunque sea para decir cuatro tonterías.
Los niños y el material escolar
Cada septiembre vendo cuadernos, libretas, bolígrafos y estuches. Es la temporada fuerte de la papelería, junto con las agendas.
Y cada año hay padres que me preguntan si esto del papel todavía sirve, ahora que en la escuela ya usan tabletas y ordenadores. Yo les digo lo que pienso, que es lo que veo.
Los niños que escriben a mano entienden mejor lo que copian. No lo digo yo, lo dicen los maestros que pasan por aquí, que de esto saben más que yo. Dicen que cuando un niño escribe a mano no puede copiar tan deprisa como para no enterarse de nada. Tiene que resumir, tiene que elegir, tiene que decidir qué pone y qué no. Y ese esfuerzo es lo que hace que la cosa se le quede en la cabeza.
Con un teclado puedes copiarlo todo sin entender nada. Y se nota.
Lo que se escribe a mano se guarda
Aquí hay otra gran diferencia.
Nadie imprime un correo electrónico para guardarlo en un cajón. En cambio las cartas se guardan. Las postales se guardan. Las dedicatorias de los libros se guardan.
Lo veo cada Sant Jordi. La gente compra un libro y lo primero que hace es pedirme un bolígrafo para escribir a mano una dedicatoria en la primera página. Cuatro líneas. A veces tres palabras. Y esas tres palabras hacen que ese libro no se tire nunca, aunque a quien lo reciba la novela no acabe de gustarle.
El libro es el regalo. La dedicatoria es lo que queda.
Tampoco hay que hacer de esto una religión
Ahora bien, yo no digo que el móvil sea malo ni que el correo electrónico sea una desgracia. Faltaría más. Para avisar de que llegas tarde, para mandar una factura o para quedar con alguien, todo eso va perfecto y no hay que complicarse. Yo mismo lo uso a diario.
Lo que digo es otra cosa: que hay momentos que piden papel. Y que si los resuelves con una pantalla, se quedan a medias.
Escribir a mano para uno mismo
Hay una parte de esto que no tiene nada que ver con mandarle nada a nadie.
Mucha gente que viene a comprar libretas no las usa para comunicarse. Las usa para pensar. Apuntan ideas, hacen listas, escriben lo que les pasa por la cabeza porque si no les explota. Diarios, cuadernos de notas, libretas de viaje.
Yo tengo una libreta detrás del mostrador donde apunto encargos, teléfonos y cosas que tengo que recordar. Podría hacerlo en el móvil, supongo. Pero cuando lo escribo, se me queda. Y cuando lo meto en el móvil, no.
No sé explicar por qué. Pero sé que me pasa.
El papel aguanta
Y una última cosa, que además es práctica.
Un papel escrito hace cincuenta años se puede leer hoy sin ningún problema. Solo hay que abrirlo. Prueba a recuperar un archivo de un ordenador de hace veinte años, a ver qué tal. O a encontrar un correo de una cuenta que ya no existe.
El papel no necesita batería, ni contraseña, ni que ninguna empresa siga existiendo.
Preguntas frecuentes sobre escribir a mano
Sí, y eso lo dicen los maestros y la gente que lo ha estudiado. Escribiendo a mano no puedes ir tan rápido, y como tienes que resumir y elegir qué pones, el cerebro trabaja más. Ese esfuerzo es lo que hace que se te quede.
Cuanto antes mejor, y sobre todo que no lo dejen cuando empiecen a usar pantallas en el colegio. Las dos cosas pueden convivir perfectamente. El problema es sustituir la una por la otra.
Muy poco: una libreta que te guste ver y un bolígrafo que te vaya bien en la mano. Nada más. Si la libreta es bonita, la usarás; si es fea, se te quedará en el cajón. Parece una tontería y no lo es.
Es un capricho, pero de los buenos. Una pluma te obliga a escribir con algo más de calma y hace que la letra te salga más limpia. Ahora, si no tienes costumbre, empieza con un bolígrafo decente y ya subirás de nivel si te apetece.
Para según qué, sí. Para cosas prácticas, no hace falta. Pero para una felicitación, un agradecimiento o un pésame, una carta escrita a mano llega mucho más adentro que cualquier mensaje. Y se guarda, que es lo que cuenta.